Cómo atraer inversores y evitar la fuga de talentos

Este 4 de septiembre, el Día de la Inmigración nos encuentra en un momento donde muchos argentinos ven en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza la única salida a sus problemas económicos.

Pero así como se produce esta verdadera “fuga de cerebros” hacia otros países, donde les ofrecen mayor estabilidad y posibilidades de progreso, los extranjeros tampoco vienen a invertir a la Argentina, o bien prefieren mudar sus operaciones a otros lugares.

De esta manera, se genera una corriente migratoria que perjudica al país por partida doble. Esto producto de malas políticas y de este hundimiento en el que estamos sumergidos desde hace unos cuantos años.

Lo paradójico de esta situación es que la Argentina se ha distinguido históricamente por constituirse en un polo de atracción de migraciones laborales. Tuvo que ver, en su fase inicial, con la población de nuestro país. Lo cual más recientemente se intensificó en virtud de la intensa demanda de mano de obra extranjera, en rubros como, por ejemplo, salud, comercio, servicio doméstico y construcción.

También se amplió a otras industrias como tecnología, los medios audiovisuales y el cine, entre muchas más. Según los datos publicados por la ONU, a fines del 2019, la Argentina contaba con 2.212.879 inmigrantes, es decir un 4,97 % de la población total.

A su vez, a pesar de atravesar por tantas dificultades, nuestro país ocupa el puesto 85 de las naciones del mundo que reciben más inmigración. El porcentaje más alto corresponde a la femenina, que alcanza el 53.97 % respecto a la masculina, que ocupa el 46.02 %.

La gran mayoría proviene de Paraguay, Chile y Venezuela. En los últimos años, el número de inmigrantes aumentó en un 2,23 %, lo que representa un total de 48.355 personas. Estos números ponen en contexto el interés que nuestro país siempre provocó, y sigue generando, pese a este complicado presente.

Por eso, debe seguir trabajándose en la generación de procesos de radicación que permitan a los extranjeros insertarse rápidamente en el mercado laboral. Ello inclinándose hacia un aumento a favor del empresariado foráneo, que cuente con capital suficiente para hacer inversiones en nuestro país, en zonas geográficas donde más se necesitan.

El motivo de esta propuesta radica en la idea de que esos inmigrantes estén dispuestos a crear empleos, tanto para los argentinos como los extranjeros. Estos extranjeros inversionistas en el ejercicio de sus libertades podrían, por ejemplo, conservar un cupo para contratar a los trabajadores que consideren más idóneos, sean argentinos, extranjeros o incluso del país de origen del inversionista.

Se debe buscar que, a través de ciertos incentivos impositivos, por ejemplo, se priorice la contratación de mano de obra local (argentinos o inmigrantes residentes), para que luego pueda ser completada por medio de los permisos laborales que pudiera peticionar el inversionista a favor de extranjeros no residentes.

En ese sentido, del 100 % de la capacidad de contratación, y según la magnitud del emprendimiento, el empleador podría conservar un cupo, por ejemplo, del 25% al 50 % a favor de trabajadores extranjeros no residentes en el país.

En definitiva, son muchas las medidas que podrían tomarse para revertir este complejo presente, atrayendo al capital foráneo, para que junto con las empresas locales puedan crear puestos laborales para los miles de argentinos que hoy prefieren probar suerte lejos de su patria.

Déborah Huczek es abogada especialista en derecho migratorio y autora del libro “Los inmigrantes y el progreso de la Argentina”

Publicación original por Clarín